Enfermedades de las plantas de interior

Las plantas de interior, al igual que los humanos, pueden ser atacadas por diversos agentes externos, por lo que deberemos prestar atención a sus síntomas y saber diagnosticar a tiempo de que enfermedad se trata. Mediante el diagnostico temprano y el tratamiento evitaremos que ocurran daños irreparables en nuestra planta, por eso, en este post trataremos las enfermedades de las plantas más comunes.

Enfermedades de las plantas de interior

Cuanto una planta manifiesta problemas de salud primero deberemos catalogar el problema en uno de los tres grandes grupos:

Opción 1: Desequilibrios fisiológicos. Estos problemas se deben a desajustes en el riego, empleo de un sustrato inadecuado, estar en un lugar demasiado oscuro o temperatura inadecuada. Es decir, este grupo abarca todos los problemas relacionados con el ambiente, se originan cuando sometemos a la planta a unas condiciones que no son las adecuadas.

Opción 2: Enfermedades de origen vegetal. Son las provocadas por hongos o bacterias.

Opción 3: Enfermedades de origen animal. Son las provocadas por insectos, ácaros o gusanos.

El realizar un buen diagnostico es clave para la curación de la planta, pues cada enfermedad o deficiencia debe ser tratada de una forma diferente. Por este motivo recomiendo que cuando una planta enferme, ésta debe ser sometida a un exhaustivo control, pues deberemos ver su evolución al tratamiento que le apliquemos. Si tenemos duda, lo mejor es cortar un trozo de hoja o planta y llevarla a un especialista (por ejemplo, a un centro fitopatológico) que nos dé un diagnostico acertado.

¿Cuáles son las enfermedades más comunes causadas por animales?

Afidos: Son los comúnmente llamados pulgones. Los pulgones son pequeños insectos, de color negro, amarillo, rosa o verde, que viven en grandes colonias y absorben la savia de la planta. Suelen preferir las zonas más tiernas de las plantas, aunque conforme se reproducen tienden a ocupar toda la planta. Suelen desprender un secremento azucarado y pegajoso que atrae a las hormigas. Realizan una relación simbiótica con las hormigas, pues los pulgones las proveen de melaza (sustancia pegajosa y azucarada) a cambio de protección, por ese motivo, la presencia de unos suele ir acompañada de las otras.

Suelen ser de fácil identificación y para combatirlos, lo mejor es realizar un lavado de la planta con agua tibia (si no se trata de una colonia muy numerosa) o realizar un tratamiento con insecticidas a base de piretro o retenona.

Cochinillas: Suelen aparecer frecuentemente en nuestras plantas de interior. Al igual que los áfidos o pulgones, se alimentan de la sabia de nuestras plantas y les pueden transmitir virus o favorecerles la aparición de hongos o mohos. Suelen ser duras de combatir pero los remedios más eficaces son óleos blancos parafínicos activados. Lo mejor es aplicar el tratamiento en el invierno, pues la planta está en baja actividad y tiene menos superficie para tratar. Conviene separar la planta de los ejemplares sanos e incluso, si está muy infectada y no vale mucho, es mejor tirarla.

Moscas blancas: Es un diminuto insecto alado de color blanco que suele depositar sus huevos en la cara inferior de nuestras plantas. En sus estados prematuros, pese a ser desagradables, no son perjudiciales para la planta. Una vez que se hacen adultos si pueden ser muy perjudiciales porque para adherir sus huevos a las hojas emiten una melaza que puede desarrollar un peligroso hongo (moho del hollin) que destruirá las hojas rápidamente. Un remedio casero, es colgar de la planta unos trozos de cartón amarillos untados de liga, de esta forma, las moscas acudirán al cartón (atraídas por el color amarillo) y quedarán pegadas a este.

Trips: Son pequeños insectos de cuerpo alargado, color negro y con alas. Suelen habitar en la cara inferior de las hojas y provocan sobre la hoja zonas despigmentadas o necrosadas. Además de estos daños directos, también pueden infectar a la planta con bacterias o virus. En cuanto a las plantas más preferidas por estos insectos se encuentran: la azalea, el crisantemo o el ciclamio. Se combaten eficazmente con insecticidas a base de piretro.

Coleópteros: Estos insectos se caracterizan porque están dotados de un fuerte aparato masticatorio y una fuerte coraza. Las larvas viven bajo tierra y se alimentan de las raíces. Un ejemplo de estas especies son los gorgojos y suelen ser muy perjudiciales, porque durante el día se esconden en la tierra y por la noche salen para comerse las hojas. Un tratamiento eficaz y ecológico es colocar una tela sobre la tierra, de forma que no puedan salir.

Ácaros: Los más comunes son las arañas rojas y suelen provocar amarilleos y caída de las hojas. Se suelen identificar facilmente porque son como diminutos puntitos rojos que aparecen sobre las hojas y además, crean una especie de tela de araña sobre las hojas. Son eliminables de forma sencilla con acaricidas.

¿Cuáles son las enfermedades más comunes provocadas por hongos?

Mal blanco: También conocida como oídio y se manifiesta en las hojas, tallos y flores. El primer síntoma es la aparición de unas manchas blanquecinas y de carácter polvoso que finalmente acaban por secar la hoja. Se puede tratar con azufre o un pesticida específico para este hongo (hay mucho pues es bastante común).

Moho gris: También conocido como Botrytis. Afecta a las hojas, los tallos y los capullos. Las zonas enfermas se vuelven grisáceas y adoptan un aspecto enmohecido. Lo mejor es erradicar las zonas enfermas con la mayor prontitud y con mucho cuidado, pues se reproduce mediante esporas. Una vez saneada rociaremos la planta con un pesticida apropiado.

Roya: Suele manifestarse en forma de pústulas de color anaranjado oscuro y es muy frecuente en plantas ornamentales, como por ejemplo el crisantemo. Se puede eliminar sin dificultad con pesticidas sistemáticos o productos a base de cinc. No obstante, es aconsejable cortar las zonas afectas y tirarlas a la basura.

Manchas y deformaciones: Hay infinidad de hongos que pueden vivir en nuestras plantas. Los síntomas más comunes son manchas sobre las hojas y deformaciones. En cualquier caso, lo primero que debemos hacer es eliminar las zonas afectadas para evitar su propagación y luego, podemos preparar un tratamiento con productos a base de cobre o azufre.

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