Tierra para plantas de interior

El sustrato o tierra para macetas es el medio en el que crecerán nuestras plantas de interior. Cada sustrato o mezcla de sustratos tiene unas características diferentes que lo hacen más apropiado para un determinado grupo de plantas y por ese motivo, es importante que sepamos diferenciar que características tiene cada uno. Por ejemplo, algunos sustratos nos ofrecen un Ph más ácido, otros más retención de líquidos o incluso, más nutrientes.

Tierra para plantas de interior

¿Cuáles son los componentes más comunes en los sustratos?

Humus: Materia de origen vegetal que ha sido atacada por los microorganismo que viven en el suelo. En el proceso de descomposición se crea el “humus” que es una sustancia de color negro muy beneficiosa. Las principales características son: Aporta gran cantidad de nutrientes, aumenta la vida microbiana, retiene el agua y mejora la porosidad del terreno (beneficioso para oxigenar las raíces).

Estiércol: Son productos de origen animal, en concreto sus excrementos. Los estiércoles más comunes son de: vaca, cabra, oveja, caballo, paloma, gallinas, murciélagos, conejos, etc. La principal finalidad, de este componente, es fertilizar los cultivos. Es decir, el estiércol es un tipo de sustancia que aporta nutrientes en formas que son fácilmente asimilables por las raíces de las plantas.

Turba: Son restos de plantas a medio descomponer. Se han formado por la acción de una escasa actividad microbiana a causa de la acidez del agua que las contenía o por una baja presencia de oxígeno. La turba rubia, que es la más ácida, ofrece un pH entorno a 3,5 y por eso la convierte en muy apta para ciertos tipos de plantas. La turba negra suele ser la más empleada pues su pH no es tan acido. También se caracteriza por tener menos capacidad para retener agua.

Vermicompostaje o humus de lombriz: Es un abono obtenido de los excrementos de las lombrices que se han alimentado de restos orgánicos. La lombriz de tierra aporta un estupendo abono con sus excrementos y además, crea canales que permiten la oxigenación del sustrato. Actualmente se puede comprar, en sacos, bajo el nombre de “humus de lombriz” o puedes fabricártelo en tu casa, pues no desprende malos olores ni atrae insectos. Sus principales características son: aportación de nutrientes y oxigenación del sustrato.

Arena: Nunca se suele emplear de forma aislada pues carece de nutrientes. Es un ideal complemento en mezclas que aportará beneficios a nuestro sustrato. Sus principales características son: hace que el sustrato se seque rápidamente, evitando la saturación del agua y también, permite que el aire llegue hasta las raíces favoreciendo la oxigenación.

¿Cuáles son las mezclas más empleadas?

Mezcla a base de humus: Es una mezcla compuesta por: Humus y una pequeña cantidad de turba, arena y fertilizante. El humus es la base de este sustrato y ofrece alimento a las plantas durante el riego (los nutrientes pasan, a través del agua, a las raíces), la turba retiene el agua logrando que las raíces permanezcan húmedas y la arena evita la saturación y oxigena el sustrato. Normalmente el que venden ha sido esterilizado para evitar la presencia de microorganismos perjudiciales para las plantas.

Mezcla a base de turba: Compuesto a base de turba y algo de fertilizante. La principal ventaja de este sustrato es su ligereza, economía y ausencia de microorganismos. Ofrecen a las plantas un entorno húmedo y rico en nutrientes pero deberemos prestar especial cuidado al riego. Este sustrato cuando se seca por completo tiende a compactarse y puede resultar realmente difícil volverlo a hidratarlo. Un truco, que he leído pero no probado, es añadir una gota de detergente a la tierra que cubre la turba y esta volverá a reabsorber el agua (dicen que funciona).

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